Horacio Lona, SDB

Entrevista a Horacio Lona, SDB

Breve presentación / síntesis del CV – Mayo de 2014

 

Horacio Enrique Lona, SDB

Lona

Nació en Buenos Aires el 3 de Junio de1942. Es miembro de la Congregación Salesiana desde 1962. Estudió Filosofía en el Instituto Miguel Rúa (1962-63), y Teología en el Instituto Teológico Villada (1966-1967) y en el Estudio Theologicum (1967-1969), todos en Córdoba (Argentina). Fue ordenado sacerdote en Diciembre de 1969. De 1971 a 1975 estudió exégesis neotestamentaria bajo la guía de E. Schnackenburg  en la Facultad de Teología de la Universidad de Würzburg, y se doctoró en teología con el trabajo: “Abraham in Johannes 8. Ein Beitrag zur Methodenfrage” (Abraham en Juan 8. Una contribución a la cuestión del método).  Entre 1975 y 1976  estudió literatura judía intertestamentaria en Jerusalén. Realizó su tesis de habilitación –  Die Eschatologie im Kolosser und Epheserbrief– bajo la dirección de R. Schnackenburg entre 1980-1981. Desde 1982 hasta su jubilación en 2010 (en que fue nombrado Profesor emérito), ejerció como profesor titular de exégesis del Nuevo Testamento y de Historia de la literatura del cristianismo antiguo en la Facultad de Teología Salesiana de  Benediktbeuern, y como Director del Departamento de Teología de la Philosophisch Theologische-Hochschule. Desde 1985, en los meses de Febrero a Mayo, desarrolla también su actividad docente en diversas facultades teológicas católicas como profesor visitante: en el Instituto Superior de Estudios Teológicos (ISET) de Buenos Aires, en el Centro de Estudios Filosóficos y Teológicos (CEFYT), y en el Seminario Mayor (Córdoba).

Su actividad literaria cuenta con numerosas publicaciones científicas y de divulgación, tanto en la Argentina como en el exterior. Ha publicado 27 libros en alemán y castellano,  y más de 70 artículos. Es miembro de la “Sección de Investigación de Exégetas del Nuevo Testamento de lengua alemana”, de la “Asociación Internacional de Patrología” (Paris-Roma) y de la “Comisión Europea de Teología”.

Entre sus numerosas publicaciones, mencionamos: El Evangelio de Juan (2000); Las Cartas Apostólicas (2003); La cruz y el dolor (2006); Judas Iscariote: Verdad y leyenda (2006); ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? Estudio de antropología bíblica (2008); Jesús según el anuncio de los cuatro evangelios (2009); Introducción a Pablo (2011); Logos de la razón – Logos de fe (2010); La “verdadera doctrina” de Celso -Comentario sobre los apologistas cristianos tempranos (2005); Introducción a la historia de la literatura cristiana en los tres primeros siglos (2012).

Ha colaborado también en diversas publicaciones: Proyecto, Salesianum, Cuadernos del Instituto Superior Juan XXIII, Didascalia, Biblische Zeitschrift, Vigiliae Christianae, Theologische Revue, Lumiere et Vie y Proche Orient Chrétien.

1. ¿Como biblista, docente y religioso salesiano, ha tenido que integrar múltiples actividades con la dedicación y concentración  que la tarea exegética requiere. Este multifacético “lifestyle” pareciera ser bastante común entre los biblistas argentinos. Por otra parte, gracias a su actividad académica en Europa, ha podido ver otras formas en que la vocación exegética se encarna en la vida en esas latitudes ¿Cómo caracterizaría el perfil del biblista argentino en relación con los de otros países?

El perfil del biblista argentino – la expresión está utilizada en sentido genérico, incluyendo a todas las colegas que se dedican a la Biblia – está fuertemente condicionado por la realidad social y eclesial en la que está inmerso. Posiblemente esta realidad no es muy diferente de la que se da en otros países de América Latina.

            * El aspecto social se refleja en la base económica que sustenta la labor académica. Si esta base es precaria, se hace difícil o imposible la compra de libros científicos, de revistas que reflejan la marcha de la investigación, la asistencia a congresos que permiten el intercambio de opiniones con otros científicos etc. Si el biblista no pertenece al clero o a alguna institución religiosa, tendrá que “ganarse” la vida haciendo otro trabajo o tomando todas las horas de clase posibles que le posibiliten la subsistencia. Esto significa que quedan muy poco tiempo y energías para detenerse a leer y analizar los textos en forma autónoma y que, en la docencia hay que recurrir al comentario o a la exégesis de algún otro autor que se asume y se repite a los alumnos. Si el biblista pertenece al clero o a alguna institución religiosa, es muy probable que tenga que repartir su tiempo con actividades pastorales con distintas exigencias, que dificultan una dedicación intensa a los textos bíblicos. – La consecuencia de estos factores es que el biblista argentino en general no se puede dedicar “full time” a su labor, con la consiguiente limitación de su capacidad para el trabajo académico.

            * El aspecto eclesial se refleja en los ámbitos en los que el biblista desarrolla su acción. Dado que la teología no pertenece a las disciplinas incluidas en la enseñanza de las universidades estatales, la exégesis bíblica es una materia que se limita a las instituciones eclesiales. A esto se suma la tendencia dentro de la iglesia católica de no fomentar la participación de estudiantes laicos en los cursos regulares de teología. El trabajo exegético se desarrolla prevalentemente en ambientes eclesiásticos: institutos de teología, cursos catequísticos, parroquias. Esta orientación hace que el aporte de la exégesis bíblica al diálogo con todos aquellos que no pertenecen a este ambiente, pero que están presentes en el mundo de la cultura, sea muy reducido. – No creo que el biblista argentino pueda ampliar su oferta de transmisión de conocimientos, si es que se mantienen vigentes los datos eclesiales señalados.

2.  ¿Cuáles son los acentos que se ponen en juego, tanto en la hermenéutica como en la exégesis, hecha en Alemania, y cuáles en Argentina?

* Las diferencias surgen de lo expresado en el punto anterior. En la exégesis a nivel universitario, en un ambiente académico no eclesial, con un firme sustento económico – los profesores son pagados por el estado como ocurre con cualquier colega en las otras facultades –, tanto los presupuestos hermenéuticos cuanto la interpretación de los textos están determinadas por la historia de las facultades alemanas de teología. El protestantismo alemán es la cuna de origen de la reflexión hermenéutica y de la exégesis histórico-crítica. Los exegetas católicos quedaron rezagados en el desarrollo de estas disciplinas, a veces por deficiencias metodológicas, a veces por el control estricto de instancias eclesiales en las publicaciones y se concretaba en la condena de opiniones consideradas contrarias a la fe. Recién después de la segunda guerra mundial y, especialmente, gracias al impulso liberador del Concilio Vaticano II, fue posible salvar esa distancia para ponerse al mismo nivel de exigencia científica de la exégesis protestante. – Sin menguar el valor de este desarrollo, no se puede ignorar el peligro de que la exégesis se convierta en una disciplina académica para especialistas académicos, sin tener mayor relevancia para la reflexión teológica y para la vida de las comunidades cristianas. Dos signos confirman la realidad de este peligro: 1. El papel secundario de la exégesis en la reflexión teológica. Eso de que “la Sagrada Escritura debe ser el alma de la teología” como lo afirmara el Concilio Vaticano II, se ha convertido en un ideal cada vez más alejado de una concreción en el quehacer teológico; 2. La distancia entre la exégesis científica y la transmisión de la Palabra en la predicación y en la catequesis, como si la primera fuera superflua o estéril a la hora del anuncio de la Palabra.

* Hasta la década del 70 la hermenéutica y la exégesis practicada en la Argentina tenían una impronta netamente europea. La mayoría de los profesores de Biblia se habían formado en Europa, y su aproximación a los textos correspondía a esa formación. Recién en el clima eclesial de los años 70 surgieron otras propuestas, reflejo del clima político propio de aquel tiempo. Lo común a estas propuestas era el intento de hacer teología desde la realidad social de Latinoamérica, considerando esta realidad como un lugar hermenéutico que era el parámetro del trabajo exegético. La “Biblia Latinoamericana” y la “lectura popular de la Biblia” – sirvan de ejemplo – son frutos de esta intencionalidad. Vale la pena señalar que este modo de hacer exégesis despertó más atención en Europa que todo el aporte del período anterior. – No se puede negar que esta lectura “interesada” de la Escritura induce a una comprensión selectiva de los textos, buscando todo aquello que confirme los propios intereses, sin preocuparse del sentido de los textos. Con esto no afirmamos que se pueda hacer una exégesis libre de presupuestos o intereses, pero hay que aceptar la primacía fundamental del texto para no hacerle decir lo que nosotros queremos escuchar.

* El clima de los años 70 pertenece a una historia lejana que los jóvenes ni siquiera conocen. No me considero capacitado como para caracterizar el estado actual de la exégesis en la Argentina porque es poco lo que conozco de ella. Lo que me parece importante es recordar aquella frase de H.G. Gadamer, de que “entender es aplicar”. Sólo si sabemos aplicar lo que hemos interpretado, demostramos que lo hemos entendido bien. Entender quiere decir tomar en serio a los textos con todo lo que tienen de extraño y ajeno a nuestra forma de pensar, para llegar a una compresión que dé cuenta del encuentro con el texto en vistas a la realidad social y eclesial que nos toca vivir. Esta realidad – el lenguaje y el modo de mirar a las cosas – es el lugar hermenéutico del que hace exégesis en la Argentina.

3.  ¿Percibe diferencias entre los intereses y expectativas del “público” alemán y el “público” argentino, con respecto a la incidencia de la Biblia en sus vidas?

Para dar una respuesta clara, es necesario distinguir dos tipos de “público”:

            * El primero es el de los alumnos que estudian teología y que tienen que estudiar Sagrada Escritura como parte obligatoria de los programas de estudios. En Alemania tiene todavía mucho peso la imagen tradicional del “Herr Professor“, objeto de un gran respeto por su posición en la vida académica y por su gran saber – aunque este supuesto no sea siempre confirmado por la realidad. La enseñanza se imparte por medio de la “Vorlesung“, que quiere decir “lectura pública”. El término debe ser tomado literalmente. El profesor lee sus apuntes mientras que los alumnos escuchan y toman nota. Preguntas por parte de los alumnos son poco usuales y, en algunos casos, no deseadas. A este nivel, la finalidad de la enseñanza es académica: el alumno tendrá que rendir un examen sobre el tema que ha sido tratado. La incidencia en la vida que puedan tener los contenidos transmitidos es una cuestión personal, pero no es una meta a lograr. En la Argentina los roles son diferentes. El profesor no es un ser distante, los alumnos se presentan en una forma mucho más distendida, comenzando con la muy elástica puntualidad y siguiendo con el mate obligatorio que acompaña las actividades. Ya desde los primeros años de mi actividad docente – desde 1976! – he tratado de corregir una falla fundamental en la estructura de la enseñanza. Siguiendo el modelo clásico, el alumno juega un papel pasivo: recibe y almacena los contenidos que el docente le transmite. En la evaluación final debe demostrar que los ha aprendido repitiéndolos en la mejor forma posible. En ese caso, la nota será buena o muy buena. El grave problema de este enfoque es que el alumno no necesita pensar mucho ni leer los textos. Lo necesario es repetir lo escuchado. Se ha aprendido algo “sobre” los textos, pero no se ha trabajado con ellos y tampoco se ha capacitado para interpretarlos en forma personal. Dada la rigidez de las estructuras académicas, en Alemania he tenido que tomar los exámenes en forma tradicional, pero en las clases renuncio a los apuntes y no tengo otro material didáctico que el NT griego. Si los alumnos no hacen preguntas, las hago yo. Muchos colegas reaccionan con extrañeza cuando se enteran de esta manera de dar clase. El breve tiempo que paso en la Argentina, dando siempre cursos intensivos, ha hecho imposible la evaluación en el modo tradicional de exámenes. Desde 1985, cuando comencé mi actividad docente durante tres meses de estadía en el país, el examen consiste en un trabajo personal de análisis e interpretación de algunos de los textos propuestos por la cátedra, pero que no se trataron en las clases. Los resultados son diversos: desde notorios fracasos unidos muchas veces a graves falencias en el dominio de la sintaxis y redacción de la lengua castellana, a muy agradables sorpresas: en un curso de cinco semanas el candidato demostraba su capacidad de interpretación, sin hacer una suma de citas de otros autores, pensando con la propia cabeza. Mi convicción: no vale la pena dar clases de exégesis si es que no se enseña a hacer exégesis.

            * El otro tipo de público está conformado por los que asisten a conferencias, cursos sobre temas bíblicos etc. Estas personas no hacen un estudio sistemático de la Biblia, y no tienen conocimientos profundos de teología. No están interesadas sobre todo en ampliar sus conocimientos, sino en escuchar una respuesta a inquietudes personal para hacer la experiencia del valor de la Palabra en la propia existencia. En Alemania el docente está invitado a tratar un tema que ha sido propuesto por los que lo invitan. Generalmente los participantes hacen preguntas al final de la exposición. Creo que el interés por conocer aspectos desconocidos de la Escritura, o la curiosidad por ciertos temas, prevalece sobre una motivación surgida de la propia fe. A menos que me propongan un tema bien definido, en la Argentina sigo otro camino. El tema no lo determino yo, sino los participantes cuando formulan las preguntas que les interesan. No hay ninguna exposición, sino respuestas a las preguntas hechas, en la medida en la que yo mismo tenga una respuesta que me parece válida. Esta metodología tiene la ventaja de que los oyentes no se aburren: escuchan las respuestas a las preguntas que ellos mismos han presentado. He aprendido a no subestimar al auditorio. Aunque estas personas no tengan una formación teológica, o provengan de ambientes modestos, pueden tener intereses que ni siquiera son frecuentes en estudiantes que hacen el curso completo de teología. Una pequeña anécdota: En un encuentro bíblico con creyentes de una parroquia en Río Grande (Tierra del Fuego),  una mujer de mediada edad me pidió que le explicara el significado de la expresión “Hijo del hombre” en los evangelios. Cuando le dije que tocaba una de las cuestiones más debatidas en la exégesis moderna – un problema temido en los exámenes por todos los estudiantes de teología –, y que su explicación era muy complicada, insistió en la pregunta y logró que fuera el tema más importante de la noche. Después me enteré de que era una mujer chilena que planchaba ropa en una lavandería de la ciudad. Nunca más me sucedió algo semejante.

4.  ¿Hay algún estudio, libro o  autor que lo haya influenciado de manera especial en su formación?

El encuentro con Rudolf Schnackenburg a comienzos de 1971 fue el factor decisivo en mi formación exegética. Pertenezco al grupo reducido de biblistas – todos ellos alemanes –que tuvieron el privilegio de escribir bajo su guía la tesis doctoral y luego la tesis de “habilitación”, que permite ser profesor titular de teología en las universidades alemanas. Era un hombre de gran honestidad intelectual, de una enorme capacidad de trabajo, con una conducta libre de toda forma de vanidad académica. No aprendí por sus indicaciones metodológicas – que hacía muy pocas veces –, sino por su forma de trabajar con el texto, por el modo de abordar los problemas y descubrir las cuestiones centrales, por su crítica inapelable cuando presentábamos resultados deficientes.

5.  Si bien la abundancia de publicaciones no es una característica típica del biblista argentino, usted cuenta con una extensa lista. ¿Qué factores cree que han influido en la cantidad, tipo o temática de las publicaciones exegéticas que han surgido en la Argentina a diferencia de las de otros países?

Casi nunca escribí un libro llevado por un interés personal. En la mayoría de los casos lo hice por obligaciones académicas o por pedidos de alguna editorial. Si he escrito una cantidad considerable de libros – cuyo valor no puedo medir –, la causa es simple. He gozado de las condiciones ideales para trasmitir el fruto de mis estudios: la independencia económica que da la pertenencia a una institución religiosa, el acceso a toda la bibliografía necesaria, la tranquilidad para dedicarme con intensidad a los temas que me interesaban. Comprendo la situación de muchos otros colegas que han escrito menos, no porque carecen de la capacidad o de la formación necesaria, sino porque no viven en el entorno social que posibilita la obra literaria. Aparte de esta dura realidad, a la que no habría que resignarse como si fuera definitiva, creo que hay que plantear una pregunta más amplia: ¿cuáles son los temas y las formas literarias más eficientes para ofrecer una reflexión bíblica que sirva a la teología y a la realidad eclesial?

 

 Horacio E. Lona                                                        Buenos Aires, 10 de mayo de 2014

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