La investigación y difusión Bíblica en Argentina

LA INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN BÍBLICA EN ARGENTINA

La tarea de investigación y difusión bíblica en Argentina durante la primera parte del siglo XX refleja la misma situación que con respecto a este asunto se daba en toda la Iglesia Católica. En ese tiempo, la difusión de la Sagrada Escritura no era una inquietud de la Iglesia Católica, y más bien era vista como una actividad exclusivamente ligada al protestantismo. En teología, se recurría a los textos sagrados con interés apologético. Como en otras partes, también en este país se tomaba a la Biblia como la cantera de donde se extraían los “dicta probantia” que podían afirmar los dogmas y las tesis de los manuales de teología. En la difusión bíblica, lo que más se veía eran los libros dedicados a la “historia sagrada”, dedicados con preferencia a los más chicos, en los que se narraban los hechos de la Biblia como si fueran todos históricos, en un mismo nivel. Se trataba de que los fieles se mantuvieran alejados del texto bíblico, y se dependía del concepto de revelación que era común en la época: la revelación estaba en los discursos, no en los hechos. Y con respecto a los hechos narrados, todos los libros de la Biblia eran tenidos como rigurosamente históricos.

Un acontecimiento de gran importancia, con el que comenzó a darse un giro en esta cuestión de la difusión de la Biblia, fue la llegada a Argentina de Mons. Juan Straubinger. Este sacerdote, que tenía gran preocupación por la pastoral bíblica en Alemania, fue perseguido por el régimen nazi, debió abandonar su patria y fue invitado por Monseñor Enrique Mühn, obispo de Jujuy, a trasladarse a nuestro país para prestar servicio en la pastoral de esa diócesis. Así fue como llegó a Argentina en 1938 y muy pronto comenzó a difundir su entusiasmo por las Escrituras entre los seminaristas de Jujuy y a crear el interés por la Sagrada Escritura entre los fieles.

Con esta intención, muy poco tiempo después de su llegada (en junio de 1939), fundó la Revista Bíblica junto con el P. Clemente Kopp (que residía en Palestina). Esta publicación se anticipó a toda otra revista castellana consagrada a exponer y profundizar el vasto campo de la Sagrada Escritura. Según lo expresan en el primer número, la Revista se presentaba como un frente ante “el materialismo de nuestros días […] que niega lo sobrenatural”. En tales circunstancias era necesario conocer a Dios y para ello nada mejor que la Biblia, que es “la palabra de Dios a los hombres”, es “el libro de los libros”. Desde el principio, la publicación incluye una sección litúrgica junto con estudios sobre la Sagrada Escritura, recoge reseñas bibliográficas de obras dedicadas a la exégesis, documentos del Magisterio, traducción de textos bíblicos con comentarios de carácter espiritual e informaciones sobre campañas arqueológicas en Tierra Santa.

En 1940 Monseñor Straubinger se trasladó a la Arquidiócesis de La Plata, en cuyo Seminario Mayor asumió el cargo de profesor de Sagradas Escrituras y otras varias disciplinas teológicas. Estaba muy interesado en que los fieles pudieran tener acceso al texto sagrado. Pero no era posible conseguir ejemplares en las librerías de Argentina porque como consecuencia de la segunda guerra mundial no se podían importar Biblias desde Europa. Por esa razón, emprendió la tarea de hacer una publicación en este país. En ese tiempo regía la norma de publicar sólo las traducciones hechas desde el texto de la Vulgata. Entonces, a partir de 1941, se dedicó a publicar la antigua traducción castellana hecha desde esa versión latina por Félix Torres Amat (o por J.M. Petisco), liberándola de todas las glosas y agregados, pero dotándola de abundantes notas de carácter espiritual que aún hoy se leen con interés.

Después que el Papa Pío XII, en la Encíclica Divino Afflante Spiritu (30-9-1943), permitió que los libros sagrados se tradujeran desde las lenguas originales, Mons. Straubinger se dedicó a traducir toda la Sagrada Escritura desde estas lenguas. Ya en 1944 publicó los Evangelios, y posteriormente fueron apareciendo los demás libros hasta que la obra quedó completa en 1951. Esta traducción es el resultado de un cuidadoso trabajo de crítica textual, realizado con buen apoyo exegético y prestando especial atención a la corrección de la lengua castellana. Es una edición que mereció la aprobación del pueblo cristiano y el aplauso de los especialistas. Tiene el mérito de haber sido la primera traducción hecha en América Latina, y que en su belleza literaria aventaja ampliamente a otras aparecidas en la misma fecha en Europa.

Los alumnos que se formaban en los seminarios, en la época anterior a la mencionada Encíclica del Papa Pío XII, no veían en las clases de Sagradas Escrituras más que los textos que podían ser tomados como útiles para probar las tesis teológicas, y de los libros sagrados sólo aprendían -en forma apologética- quién era el autor de cada libro. La Encíclica de Pío XII abrió el camino para que en la investigación bíblica se comenzara a utilizar el método histórico-crítico y se prestara atención a los géneros literarios. Esto trajo como consecuencia que los sacerdotes argentinos que se habían formado en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma en la inmediata post-guerra,  aportaran nuevos aires a los estudios bíblicos de los Seminarios de Argentina.

Con la llegada de los nuevos profesores, el estudio la Biblia comenzó a liberarse del tono apologético, y gracias a la aplicación de los nuevos métodos y a la distinción de los géneros literarios, mostrara gran parte de su riqueza. Para citar sólo algunos nombres: en los años 50’ y 60’ en Buenos Aires se iniciaron en la enseñanza el actual Cardenal Jorge Mejía, entre los Padres Jesuitas el P. José Vicentini, el P. Mateo Perdía de los Padres Pasionistas, el P. Juan Craviotti de los PP. Bayoneses, el P. Armando J. Levoratti en el Seminario de La Plata, Enrique Nardoni en Rosario, Félix Casá en Córdoba… Poco después llegaron los PP. Miguel Mascialino, Eugenio Lákatos, Luis F. Rivera, Miguel Balagué, Florencio Mezzacasa, Diego Losada, Martín Avanzo, Eduardo Bierzichudek, Enzo Giustozzi, Félix Cisterna…

Un aporte especial lo dio en este tiempo el P. Severino José Croatto, de los PP. Lazaristas, que rápidamente contagió su gran entusiasmo por el estudio de las lenguas semíticas y la arqueología como disciplinas que favorecían la comprensión de los textos bíblicos. Enseñó Sagrada Escritura en el Seminario de los Padres Lazaristas y en el Colegio Máximo de San Miguel (1962-71). Bajo su influencia, a fines de 1959 se formó el Departamento de Estudios Bíblicos del Instituto de Cultura Religiosa Superior. Varios de los sacerdotes que habían llegado con la nueva formación bíblica fueron los profesores de ese Departamento, al que concurrían numerosos laicos. En las clases de Sagrada Escritura que dictaban en este Instituto, difundieron la nueva visión de los textos bíblicos. Esto significó, en gran parte, la entrada del laicado dentro del grupo de los estudiosos de las Sagradas Escrituras. Demás está decir que el comienzo de estos nuevos profesores no fue una tarea fácil. Los que anteriormente habían sido formados con los antiguos moldes miraban con sospecha la aplicación de los nuevos métodos de interpretación bíblica, y no faltaron las acusaciones de los que entendían que esto no estaba lejos de la herejía.

En torno a 1960 se formó  la SAPSE (Sociedad Argentina de Profesores de Sagradas Escrituras), en la que tuvo activa participación Severino Croatto. Esta fue una experiencia de intercambio y producción muy importante para la historia de los estudios bíblicos en la Argentina. El grupo, que fue católico romano en sus orígenes, se hizo ecuménico a partir del año 1968, cuando se incorporaron profesores protestantes como Rodolfo Obermüller, Alberto Ricciardi, Ricardo Pietrantonio, Carlos Benito, y más adelante Jorge Pixley, Hans Mallau y otros. Más tarde participaron también algunos profesores judíos, entre los que se recuerda al Rabino Esteban Veghazi.

Monseñor Straubinger regresó a Alemania en 1951. A partir del año siguiente, la Revista Bíblica quedó a cargo de los Padres del Verbo Divino y tuvo como primer director al P. Bernardo Otte. En esta nueva etapa, la Revista se presentó como dirigida principalmente a la divulgación de la Sagrada Escritura. Como lo expresaba el nuevo director en su presentación, la Revista “no pretendía ser un órgano de investigación sino de divulgación y apostolado bíblico.”

Pero a partir de 1966 se dio un cambio importante en el enfoque de la Revista, cuando era director el P. Federico Löcher (que firmaba con el pseudónimo de Federico Hoyos). En esta nueva etapa, comenzaron a reducirse las secciones de “Biblia y vida” o liturgia, mientras que adquirían mayor espacio los estudios exegéticos, y se prestaba especial atención a los debates sobre las Sagradas Escrituras que tenían lugar en el interior del Concilio Vaticano II. Es decir, la Revista adquirió un carácter más teológico y menos de divulgación bíblica.

Desde 1971 hasta 1981, siendo sus directores Eduardo Bierzichudek y Enzo Giustozzi, hubo nuevos cambios en el enfoque, desde el momento que, como un reflejo de lo que se vivía en el país en esa época, los estudios bíblicos fueron dirigidos más hacia los debates teológicos y los problemas sociales (los temas liberacionistas, la influencia de la historia de las formas, las nuevas cristologías, el ateísmo, el ecumenismo, el compromiso social del cristiano, la discusión sobre la autoridad, la moral, la mujer, la escatología, el reparto de las tierras…).

Los escrituristas argentinos, a partir de los años 70’ se fueron abriendo hacia los métodos sincrónicos y a los aportes de la hermenéutica. Esto se puede ver sobre todo en los artículos de profesores católicos y evangélicos que se publicaron en esos años en la Revista Bíblica, y de un modo particular en los comentarios de Severino J. Croatto a los primeros capítulos del Génesis.

Un acontecimiento digno de nota en el campo de la investigación y difusión de la Biblia fue la publicación de la versión castellana de la Biblia realizada por Armando J. Levoratti y Alfredo Trusso, que lleva por nombre “El Libro del Pueblo de Dios”. La empresa partió de la preocupación pastoral del Pbro. Alfredo Trusso, sensible a la dificultad que experimentaba el pueblo para entender el lenguaje de las Biblias importadas de España (Nácar-Colunga de 1944 y Bover-Cantera de 1947), o la misma de Mons. Straubinger, que tiene un vocabulario muchas veces demasiado elevado para la gente sencilla. Con la colaboración de los PP. Perdía, Vicentini, Mascialino y Levoratti, se dio comienzo a una nueva traducción de la Biblia que se adaptara al vocabulario y a las formas de expresión de Argentina, teniendo principalmente en vista a la gente sencilla. Como primer resultado, en 1960 se publicó el Evangelio de san Mateo, en 1968 el Nuevo Testamento (“El Libro de la Nueva Alianza”), y en 1981 la Biblia completa: “El Libro del Pueblo de Dios”. Es una traducción diáfana, que transmite el mensaje de la Escritura en un lenguaje comprensible, familiar, y que sin embargo mantiene un tono que ciertamente no es “vulgar”. El Episcopado Argentino asumió esta traducción para el uso litúrgico, y es la que oyen siempre los fieles en las celebraciones de la Misa y los Sacramentos. Se encuentra además en la página web del Vaticano como versión de la Biblia en lengua española.

En 1981 asumió como director de la Revista Bíblica el P. Armando J. Levoratti, y a partir de esa fecha los artículos fueron dedicados exclusivamente a científicos y escrituristas, dejando los artículos de carácter más pastoral a la revista Palabra y Vida. Se debe destacar que en 1983 se publicó por primera vez un artículo que tenía por autora a una mujer, María del Carmen Oro, una de las primeras mujeres argentinas especialistas en Sagradas Escrituras.

Durante toda esta época, las publicaciones de los profesores de Sagrada Escritura, recogidas en su mayor parte en la Revista Bíblica, son estudios de teología bíblica y comentarios a diferentes textos del Antiguo y Nuevo Testamento, analizados con los nuevos métodos exegéticos.

En el año 2000 los Padres del Verbo Divino decidieron desprenderse de la Revista Bíblica, y esta pasó a depender del grupo de Escrituristas reunidos en el ámbito de la Sociedad Argentina de Teología. Desde entonces mantiene la línea de artículos dedicados a científicos, escrituristas y estudiantes de Sagradas Escrituras.

En la actualidad se dictan clases de Sagradas Escrituras en varios centros académicos. Desde el comienzo de su existencia, las Facultades de Teología de la Universidad Católica Argentina y del Colegio Máximo de San Miguel tienen las correspondientes cátedras de Sagradas Escrituras. En estos centros se forman los aspirantes al ministerio sacerdotal, pero también muchos laicos y laicas. Las clases dictadas en estas facultades se caracterizan por la aplicación de los modernos métodos exegéticos en uso en la Iglesia Católica, así como se podrían encontrar -por ejemplo- en el Documento “La Interpretación de la Biblia en la Iglesia”, de la Pontificia Comisión Bíblica. Sensibles a la insuficiencia del método histórico-crítico, se abren a otros métodos y a los distintos aportes que ofrece la hermenéutica.

Desde 1985 la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina ofrece la Licenciatura en Teología con especialización en Sagradas Escrituras. Desde entonces han recibido este título 33 alumnos/as. Algunos continuaron sus estudios de especialización en otros lugares, y otros ya prestan servicios a la Iglesia como docentes en los Seminarios, en centros de estudios y en las jornadas de divulgación bíblica que se realizan en las diócesis y parroquias de distintos lugares del país.

En la actualidad son más de 60 los graduados en Sagradas Escrituras que se desempeñan en el país. Algunos argentinos especialistas en Sagradas Escrituras residen en el exterior, como Ugo Vanni, doctor en Sagradas Escrituras, que por 35 años fue profesor de exégesis del Nuevo Testamento en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma; Horacio Lona, Doctor en teología por la Universidad de Würzburg y en la actualidad profesor de Nuevo Testamento y de Literatura cristiana antigua en la Facultad de Teología de Benediktbeuern (Alemania); y Daniel Alberto Ayuch, de Santiago del Estero, laico perteneciente a la Iglesia Ortodoxa, que obtuvo el Doctorado en la Westphaelian Wilhelm University of Münster (Germany), con una tesis sobre la ética social de Lucas. Actualmente enseña en la Universidad de Balamand (Líbano).

La enseñanza de la Exégesis en la Facultad de Teología Evangélica (ISEDET) se caracteriza por su rigurosa aplicación de los métodos modernos, y por su apertura a los así llamados “acercamientos” o “aproximaciones” desde ángulos particulares, en los que priman las inquietudes sociales. Entre los profesores de esta Casa de estudios se destacan en el área bíblica: Ricardo Pietrantonio, Réne Krüger, Néstor Míguez, Mercedes García Bachmann y Pablo Andiñaç. Además de los libros en los que han volcado el resultado de sus investigaciones bíblicas, su pensamiento se conoce por los artículos que publican periódicamente en Cuadernos de Teología y eventualmente en la Revista Bíblica.

El Cefyt (Centro de estudios filosóficos y teológicos) de Córdoba, ofrece un Profesorado en Ciencias Sagradas, en los que tienen especial lugar las clases de Teología Bíblica. Tiene, además, un curso de Sagradas Escrituras a distancia.

La Escuela Bíblica Nuestra Señora de Sión, fundada originalmente por las Hermanas de la Congregación de Nuestra Señora de Sión, y actualmente atendida por los Padres Dominicos, dicta cursos dirigidos a personas interesadas en profundizar en el estudio de las Sagradas Escrituras y a agentes pastorales. El número de los alumnos es muy reducido, pero es una oportunidad que se ofrece a quienes buscan una exposición de los temas bíblicos en un nivel más profundo que en las conferencias de divulgación, pero sin comprometerse en un estudio sistemático en una facultad.

La Editorial San Pablo ofrece periódicamente conferencias y cursos breves auspiciados por Sobicain (Sociedad Bíblica Católica Internacional), en los que se exponen temas bíblicos dedicados a todo público, y que son dictados por expositores del ámbito ecuménico.

En el campo evangélico existen varios Institutos Bíblicos que, por lo general, tratan de exponer el texto de la Escritura, con mayor o menor aceptación de los nuevos métodos exegéticos según los casos. Estos institutos están principalmente abiertos a los que aspiran a ejercer la tarea pastoral, pero también reciben a otros fieles pertenecientes a estas iglesias.

La Comisión Episcopal de Biblia y Catequesis de la Conferencia Episcopal Argentina, a través del equipo de Animación Bíblica, mediante publicaciones y videos se ocupa de animar la pastoral de la Iglesia desde la Sagrada Escritura. Esta es una tarea en la que se destaca el P. Gabriel Mestre.

Las publicaciones de envergadura, fruto de investigaciones en el ámbito bíblico, no han sido numerosas. Los biblistas argentinos hasta finales del siglo XX  se han dedicado principalmente a la docencia y a las tareas de divulgación. Pero en los últimos años se viene produciendo un cambio: varios argentinos estudiosos de la Sagrada Escritura (varones y mujeres) obtuvieron el Doctorado y publicaron sus tesis, con lo que se ha enriquecido el campo de los especialistas en Argentina. Entre las últimas tesis publicadas se pueden citar: “Liber Ezrae Quartus. Estudio de la obra, traducción crítica y notas exegéticas a partir de la versión latina”; (Gabriel Nápole, de la Orden de Predicadores, en la Facultad de Teología de Valencia); “Las parábolas del reino de Judá. Lingüística textual y comunicación (Ez 17; 19; 21)” (Ramón Alfredo Dus, de Paraná, en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma); “La proclamación de YHWH rey y la constitución de la comunidad postexílica” (Jorge Blunda, de Tucumán, en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma); “La Nueva Jerusalén, ¿ciudad celeste o ciudad terrestre?” (Ariel Álvarez Valdés, de Santiago del Estero, en la Universidad de Salamanca); “Fui un extraño y ustedes me recibieron. Estudio exegético-teológico de Mt 25,31-46” (Ángel José Macín, de Reconquista, en el Angelicum de Roma); “Los pobres tomarán posesión de la tierra. El Salmo 37 y su orientación escatológica” (Eleuterio R. Ruiz, en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma); “Análisis narrativo del evangelio según san Juan. Estudio del discurso joánico: memoria, testimonio, diálogo” (Ji-Young Emiliano Hong, en la Universidad de Navarra); “El tema de la alegría en el Salterio” (María Verónica Talamé; Pontificia Universidad Gregoriana de Roma).

La Sociedad Argentina de Profesores de Sagradas Escrituras (SAPSE), que se había fundado en 1968, fue desapareciendo por distintos motivos. Recientemente se ha creado la Asociación Bíblica Argentina (ABA). El acta de fundación fue firmada por 16 biblistas, encabezados por Eleuterio R. Ruiz. Entre los que participan de una manera más comprometida en la formación de esta Asociación están Gabriel Nápole, Claudia Mendoza, Constanza Levaggi, Jorge Blunda, Damián Nannini, Pablo Andiñaç y otros.

Todo hace prever que sin perder el interés por la difusión de la Biblia que caracterizó la actividad de los biblistas argentinos desde un comienzo, se está entrando ahora en una nueva etapa en la que tendrá más relevancia la tarea de investigación y publicaciones.

Luis Heriberto Rivas

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