Armando Levoratti

Entrevista a Armando Levoratti

Seminario de la Arquidiócesis de La Plata

16 de febrero 2015.

Levaggi: ¿Quiere comenzar contándonos algo sobre su vida? ¿Cómo comenzó con los estudios Bíblicos, por ejemplo?

Levoratti: Acá está todo: “Muchos años dedicados al estudio de la Biblia” en Panorama de la Teología Latinoamericana (Verbo Divino 2001). Y acá está mi biografía intelectual, digamos, lo que yo hice por la Biblia, por ejemplo: cuando me formé en el Seminario Menor, después la Filosofía, la teología en Roma, y antes del Concilio. Después del Concilio, cuando me hice cargo de la “Revista Bíblica” que la dirigí 13 años; después la Fundación “Palabra de Vida” dedicada a la difusión de del “Libro del Pueblo de Dios”; en la “Sociedades Bíblicas Unidas” y después vino la “Pontificia Comisión Bíblica”, 10 años actuando en la “Pontificia Comisión Bíblica”. Luego el “Comentario Bíblico Internacional” que lo publiqué con el Doctor Farmer. Pero ahí se termina la historia y luego continuó con esto: el “Comentario Bíblico Latinoamericano” en tres tomos.

Levaggi: -¿Cómo surgió la dirección del “Comentario Bíblico Latinoamericano”?

Levoratti: -Bueno, surgió porque el “Comentario Bíblico Internacional” reunía demasiado material en un solo tomo y además, tenía una orientación puramente científica y poco pastoral, entonces me puse en campaña y conseguí los colaboradores para que prestaran su colaboración y en unos siete años, más o menos, lo terminamos.

Levaggi: -¿Qué es lo que hace que sea “Latinoamericano”? ¿Los colaboradores son todos latinoamericanos o hay una hermenéutica especial, una orientación especial?

Levoratti: -Bueno, hay dos puntos: primero, que casi todos los colaboradores son Latinoamericanos: está Pablo Richard, Elsa Tamez, Edesio Sánchez, Plutarco Bonilla. Además, es Ecuménico, porque hemos incorporado elementos protestantes con la misma libertad con que incorporamos a los católicos. El enfoque Ecuménico y el intento de inculturación. Vagamente tratar de inculturar los textos de manera que no sean textos universales o generales sino que, de alguna manera, trataran de penetrar en la realidad latinoamericana que estamos viviendo, por eso el libro se divide en dos grandes partes. Primero: los elementos introductorios que no son elementos introductorios de los clásicos: la formación de la Biblia, etc… Esos temas aparecen, pero también aparecen muchos otros, que vos los podes ver ahí.

Levaggi: -¿Qué diferencia posee esta hermenéutica propiamente latinoamericana (como usted decía), de algo que se puede hacer en Europa por ejemplo, o en el hemisferio Norte?

Levoratti: – Eso lo pueden ver acá, en el primer Tomo del Antiguo Testamento.

Levaggi: -Cuando usted convocó a los participantes, ¿qué les pidió específicamente, para hacerlo “bien latinoamericano” (por decirlo de alguna manera)?

Levoratti: -Bueno, les explicaba que se trataba de tener una base científica sólida pero, al mismo tiempo, tener una especie de preocupación por inculturar el texto en el contexto latinoamericano. Que cada uno lo hiciera a su manera según su punto de vista, por eso algunos lo criticaron porque dijeron que no era un ejemplar de la teología de la liberación. Pero en eso estábamos: en presentar diversidad de enfoques en función de los distintos exégetas, eso está dicho muy claro aquí: “Los distintos enfoques atestiguan, al mismo tiempo, la libertad con la que cada colaborador ha realizado su trabajo, siempre dentro de un compromiso de fidelidad a la Palabra de Dios”. O sea que si hubiera habido, una heterodoxia muy manifiesta, no la hubiéramos incluido.

Levaggi: – ¿Qué argentinos participaron aquí?

Levoratti: – Y, argentinos está Nardoni.

Levaggi: – Y algunas mujeres que puedo leer aquí en el índice: Gloria Ladislao, Graciela Dibo.

A Levoratti: – Malzoni, Charles Martin. Bueno, también se procuró hacer una selección muy amplia: Lucio Florio, José Míguez Bonino, Nestor Míguez el hijo de Míquez Bonino, Enrique Nardoni, Pablo Andiñach y también Mercedes García Bachman.

  Levaggi: -¿Diría Usted que puede llegar a haber algo que caracterice a la exégesis bíblica en Argentina, específicamente?

Levoratti: -Todavía, no. Todavía no, no… todavía dependemos mucho de los comentarios europeos y de la orientación europea. Salvo la teología Indígena por ejemplo, que también está tratada en los tres tomos. Hay capítulos dedicados a la exégesis indígena de Eleazar López Hernández. Y también está Nicanor Sarmiento Tupayupanqui. Fíjate el título de su artículo.

Levaggi: -“El magisterio de Juan Pablo II”.

Levoratti: -¡Claro! Cuando vino Juan Pablo II a Latinoamérica, habló de la teología indígena. Y yo lo puse como diciendo: “acá tenemos la palabra del Papa, que no es una pura creación latinoamericana”.

Levaggi: -¿Por qué le parece que no se ha desarrollado en Argentina, alguna metodología o hermenéutica o forma de lectura propia? ¿Cree necesario que se genere alguna?

Levoratti: -Bueno, en parte sería útil, pero lo que pasa que los argentinos son muy personalistas, autonomistas, independentistas y no se arman fácilmente equipos de trabajo. Esta es una colección de latinoamericanos que trabajan cada uno por su cuenta o dentro de un ámbito determinado, por ejemplo ISEDET. Pero no es un trabajo como se hace, por ejemplo, en la Pontificia Comisión Bíblica donde se estudian los temas en grupo. Se pone el tema y después en los cinco años se va elaborando hasta sacar un documento más o menos colectivo.

Levaggi: -¿Usted estuvo diez años en la Pontificia Comisión Bíblica?

Levoratti: -Si, diez años.

Levaggi: -¿Y qué temas trabajaron?

Levoratti: -Trabajamos el gran documento ese, sobre la interpretación de la Biblia en la Iglesia. En ese participé Yo.

Levaggi: -¿Aportó usted alguna parte en particular a ese documento?

Levoratti: – La parte de la teología de la liberación, la parte del feminismo, del fundamentalismo y después la parte de la teología, la relación de la Biblia y la teología.

Levaggi: -¿Qué años fue miembro de la Comisión?

Levoratti: -Y estuve del ‘85 al ‘90.

Levaggi: -¿Algún otro argentino estuvo en la Pontificia Comisión Bíblica? ¿O usted fue el único?

Levoratti: -Bueno, después vino Barriola, pero Barriola es uruguayo. Y ahora está Eleuterio Ruiz, que es joven, lo nombraron muy joven.

Levaggi: -¿Y otros latinoamericanos han formado parte de la Pontificia Comisión Bíblica?

Levoratti: -Sí, había un mexicano, Loza Vera, un Dominico mexicano.

Levaggi: -¿A usted lo convocan por algo en particular? ¿Por haber traducido “El Libro del Pueblo de Dios”? ¿Sabe por qué lo convocan a la Pontificia?

Levoratti: -Bueno, me convocan básicamente porque yo dirigí una revista. Los que dirigían revistas bíblicas entraban con mayor facilidad, por lo menos en aquel momento. Ahora parece que han cambiado los criterios. Y la traducción de la Biblia fue el factor fundamental.

Levaggi: – ¿Habla de la Revista Bíblica?

Levoratti: -Si. La Revista Bíblica la llevamos con la Editorial Guadalupe. Acá está bien explicado lo de la Revista Bíblica.

 Levaggi: -¿Usted, conoció al fundador de la revista Monseñor Straubinger?

Levoratti: – Si, fui alumno suyo. Estudié griego bíblico con Él. Era un alemán muy original. No nos quería mucho a los argentinos. Nos sentía disminuidos, decía: “Para ustedes, basta”. Cuando le hacían una pregunta un poco más, decía “para ustedes, basta”. Una vez, durante la guerra del Paraguay, le pidieron una gramática griega, la gramática de Goñi, que venía de España pero que no se podía importar. El profesor de Asunción se enteró de que acá había ejemplares de esa gramática griega. Straubinger me llamó a mí para que le hiciera un paquete, porque tenía que mandarlo por correo. Había que empaquetarlo y mandarlo por correo. Entonces yo le pregunté: “¿Es buena esta gramática?” Y él respondió: “Está llena de errores; pero para paraguayos, basta”.

En el año 1983 asumí la dirección de la revista Bíblica que había fundado Monseñor Straubinger en el 1939 cuando era párroco de San Pedro de Jujuy, un lejano pueblo del norte argentino. Después la siguió publicando desde el Seminario Mayor de La Plata, pero al emprender su viaje a Alemania, donde pensaba radicarse definitivamente, se la encomendó a los Padres del Verbo Divino. Años más tarde el Padre Gallinger, que en aquel momento estaba al frente de la editorial Guadalupe, me pidió que me hiciera cargo de la dirección y a partir de entonces dediqué una buena parte de mi tiempo a esta tarea. La necesidad de hacer que la Revista Bíblica apareciera regularmente, cuatro números al año, me obligó a escribir numerosos artículos y una cantidad considerable de recensiones de libros. En tal sentido, la función de director me ayudó a seguir informado y a mantener un constante ritmo de trabajo, porque mandaban libros de afuera para que les hiciéramos la recensión. Eso fue una gran ayuda, pero por otro lado, me dispersaba un poco, porque me obligaba a escribir recensiones de libros de la más diversa procedencia. Más tarde, varias colecciones de artículos aparecieron en forma de libros: “Hermenéutica y Teología”, “El trabajo a la luz de la Biblia”, “El tiempo de Dios”. Este es el resumen de la etapa de la dirección de la “Revista Bíblica”.

Levaggi: – Si Straubinger no nos consideraba dignos del estudio ¿por qué le parece que fundó la revista? ¿Usted, sabe por qué?

Levoratti: – Precisamente porque quería promover la Biblia. En aquel tiempo la Biblia se leía poco y nada y a Straubinger lo tenían un poco como protestante, porque ponía demasiado énfasis en la Biblia. Por eso con dos hojas de papel de diario, hizo una revista bíblica en Jujuy, después vino acá y ya hizo una impresión mejor. Trabajaba mucho en la dirección de la revista y en la traducción de la Biblia.

Levaggi: -¿Alguien más lo ayudaba tanto en la revista como en la traducción de la Biblia?

Levoratti: – La revista Bíblica aparecía con un suplemento litúrgico y ahí le ayudaba gente, sobre todo de Uruguay. En la traducción no, la traducción la hizo Él. Y tenía una secretaria que le pasaba a máquina los manuscritos.

Levaggi: -¿Él escribía a mano?

Levoratti: -Si, escribía a mano.

Levaggi: – Cuando usted estudiaba con él ¿Qué Biblia leía? ¿Leían la Biblia en las clases?

Levoratti: -No leíamos la Biblia, leíamos el texto griego del Nuevo Testamento. O sea que era clase de griego bíblico, así que se leían pasajes del Nuevo Testamento en griego.

Levaggi: -¿Cuando se editó su Biblia en español, tuvo buena aceptación aquí?

Levoratti: -Tuvo muy buena aceptación, pero claro, la Biblia esa resultó muy… desde el punto de vista de los comentarios y de las introducciones, muy preconciliar, diríamos. Apenas tuvo en cuenta algunos datos de la Divino Afflante Spiritu. Pero era muy conservador, por ejemplo: decía que Moisés había escrito el Pentateuco, que David era autor de los Salmos, que Salomón era el autor de los libros sapienciales; de manera que en ese aspecto, la Biblia está muy superada. La traducción se mantenía dentro de los cánones típicos de las Biblias preconciliares: “Bover – Cantera”, “Nacar – Colunga”. Straubinger usaba el “vosotros”, “vosotros tenéis”, “vosotros buscáis” y además, se atenía un poco literalmente a la estructura lingüística del texto bíblico. Todavía no habían aparecido los libros de la Sociedades Bíblicas Unidas que se ocupaban de la teoría de la traducción y establecían la distinción entre la coincidencia formal y la coincidencia temática o funcional. Entonces salieron Biblias que tenían, por ejemplo los protestantes “Dios habla hoy”, que se prestaban demasiado a aclarar el texto, hacerlo convencible para la gente de hoy. Pero hay una manera de combinar la coincidencia formal, dentro de lo posible, y cambiarla… es decir, encontrar una formulación equivalente de la lengua española con la lengua vernácula para producir un sentido más claro, más accesible.

 Levaggi: -¿Eso fue lo que hizo con “El Libro del Pueblo de Dios”?

Levoratti: -Claro, pero, dentro de todo me atengo básicamente a la coincidencia formal. Pero a veces no hay más remedio que clarificar un poco la frase y entonces hay que recurrir a alguna pequeña glosa, o a un pequeño cambio de expresión.

Levaggi: – Usted estudió lenguas semíticas, como el sumerio y acadio, pero no siguió profundizando en ese campo ¿Por qué? ¿Qué lo motivó a hacer “El Libro del Pueblo de Dios”? ¿Fue porque la Biblia de Straubinger tenían estas insuficiencias que menciona o hay otro motivo?

Levoratti: -Claro, sí. Yo hubiera deseado dedicarme al Acádico y al Sumerio, pero… La bisagra fue el Concilio. Cuando fue necesario tener textos adaptados a un auditorio español o castellano que se expresaba en “argentino”, se hizo necesario tener una traducción adecuada. Los textos de la Biblia de Jerusalén o de la Reina – Valera, no se entendían. Se hizo necesario tener una traducción adaptada a la manera de hablar del pueblo argentino. Y esa fue la meta fundamental.

Se puede establecer un cuadro: está el emisor y el receptor, en el medio está el mensaje. Para que se pueda comunicar el mensaje hace falta un código. También está el contexto y el entorno. Son todos los factores que intervienen en el proceso de la comunicación. El mensaje se puede traducir, se puede expresar de distintas maneras por eso hay distintos códigos que se pueden aplicar. Pero sobre todo, la comunicación lingüística tiene que apuntar a la comprensión del destinatario. El destinatario tiene que comprender el mensaje que recibe y para eso se fijan distintos tipos de traducciones. Por ejemplo: ahora las Sociedades Bíblicas publicaron una Biblia para niños, inicialmente; pero resulta que esa Biblia para niños fue muy bien recibida por los adultos que la entendían mejor. Es un lenguaje muy simple, muy accesible y más que una lectura a la Biblia es una introducción al conocimiento de la Biblia.

El mensaje que se transmite tiende a suscitar una comprensión del contenido de ese mensaje. Entonces se hace una diagramación de los distintos tipos, por ejemplo: niños lectores apena iniciados, es decir, lectores que saben leer pero que comprenden poco y nada lo que leen y les cuesta mucho expresarse sobre lo que han leído. También está la gente común: los ámbitos de lectura se están estudiando mucho porque la gente no lee, o por lo menos, no lee en la dimensión en que se podría esperar. Hay grupos de lectores muy capacitados y muy preparados pero, de todas maneras, la lectura que realizan es superficial, leen el diario, algunos leen los títulos de los diarios, algunos más preparados e interesados leen los artículos de fondo, las crónicas. Hay “tipos de lectores” y por eso se procura hacer Biblias adaptadas a esos tipos de lectores.

Levaggi: -¿ Cuándo usted tradujo “El Libro del Pueblo de Dios”, como se imaginó o caracterizó a ese tipo de lector argentino que recibiría la Biblia?

Levoratti: – Un estilo literario de cierto nivel pero sin utilizar expresiones duras, incomprensibles. Por ejemplo: si a alguno se le ocurriera decir “hay canícula”, en vez de decir, “hace calor”, eso sería una expresión poética, o bien una expresión que no corresponde al modo natural de comunicarnos…

Levaggi: -Y las notas ¿cómo las pensó? ¿Más de tipo histórico-crítico, más hermenéuticas? ¿Por qué opto por ese estilo de notas?

Levoratti: – Este estilo de notas, son notas pastorales. No tienen demasiadas pretensiones de tipo teológico sino simplemente aclarar el sentido de los textos. Pero a diferencia de la Biblia Latinoamericana que hace comentarios y saca conclusiones y aplicaciones a la vida práctica, nosotros preferimos hacer aclaraciones del texto y después que cada uno lo asimile, lo adapte y lo aplique de acuerdo con su conciencia o con su capacidad de comprensión.

Levaggi: -¿Le parece que sería necesaria una actualización de esas notas?

Levoratti: – Ya está hecha la actualización. Está hecha se está por publicar.

Levaggi: -¿La va a publicar Verbo Divino?

Levoratti: -Si, Verbo Divino la publica. Estamos en momentos críticos desde el punto de vista editorial y desde el punto de vista de la importación de libros, así que… seguimos trabajando con los Paulinos para la difusión de “El Libro del Pueblo de Dios” hasta tanto veamos qué resultado tiene la nueva Biblia actualizada. “La Biblia, Libro del Pueblo de Dios”, invertido el título. Se esperaba poder presentarla en la asamblea de Society of Biblical Literature.

Roston Maderna: -¿Van a convivir las dos Biblias?

Levoratti: -Van a convivir al comienzo, porque esta es la Biblia que más se conoce. Pero después, poco a poco, si la otra Biblia… porque la otra Biblia tiene mucho más contenido, muchas más notas, un estilo mucho más científico, diríamos.

Roston Maderna: -¿Y hay cambios en la traducción también?

Levoratti: -Sí hay cambios en la traducción.

Roston Maderna: -¿Usted sólo, lo hizo todo?

Levoratti: -No. Para las notas del Antiguo Testamento me ayudaron unos cuantos, pero las notas del Nuevo Testamento las hice yo, todas. Trabaje como un negro y así quedé.

Roston Maderna: – En la primera edición de “El Libro del Pueblo de Dios” ¿Cómo es que se dio la asociación con Trusso?

Levoratti: -La relación fue la Liturgia. Porque él estaba encargado de la traducción de los textos, litúrgicos y en el Misal Romano estaban los textos Bíblicos. De manera que empezamos traduciendo los textos Bíblicos del Misal Romano. Después surgió la idea de hacer una traducción del Nuevo Testamento y esa traducción del Nuevo Testamento duró varios años y ahí participaba mucha gente que se reunía los domingos, pero no eran especialistas en la Biblia, dependían de mi en la parte de la exégesis.

Roston Maderna: -¿Acá lo hacían, en el Seminario de La Plata?

Levoratti: -No, en la Parroquia de todos los Santos.

Levaggi: -¿Recuerda algunos nombres de esa gente?

Levoratti: -Si: Falcato, Aprile, Picasso.

Roston Maderna: -¿Laicos?

Levoratti: -Laicos, si. Pero el apoyo de ellos era muy relativo, porque no tenían base Bíblica. La base Bíblica la tenía que poner yo. Y así terminamos con la edición de “El libro de la Nueva Alianza”. Entonces surgió la posibilidad de continuar, pero continuar con todo el Antiguo Testamento, era una tarea demasiado ardua. Entonces ahí me quedé yo solo traduciendo los textos, trabajando seis horas diarias más o menos, hasta que llegaba el lunes y entonces iba a la Parroquia de todos los Santos y ahí leíamos. Trusso me ayudó mucho en la lectura, pero él no sabía una palabra de griego.

Roston Maderna: -Pero, hablaba bien el castellano.

Levoratti: -Sabía castellano y tenía talento de traductor y sobre todo de pastor, para hacer llegar la palabra de una manera sencilla y clara.

Roston Madera: – ¿Cómo fue la recepción en el mundo eclesiástico de Argentina, cuando ustedes publicaron la Biblia entera?

Levoratti: -La recepción fue positiva, muy positiva, de hecho no hubo ninguna resistencia. Pero de todas maneras no se nos ayudaba para nada en la tapa de la redacción.

Roston Maderna: -En ese momento ya estaba toda la crítica a la Biblia Latinoamericana y había mucha suspicacias, ¿ustedes no tuvieron eso?

Levoratti: -No, eso había pasado ya, de manera que no hubo críticas, salvo algunos que siempre se ponen en contra y critican sin tener fundamentos, pero sí, fue muy bien recibida. De hecho se han vendido no sé si dos millones o más ejemplares.

Roston Maderna: -¿Y la fundación “Palabra de Vida” qué relación tiene con usted?

Levoratti: -La fundación “Palabra de Vida” y yo somos dueños a medias del texto de la Biblia. Porque ellos tomaron muy enserio la segunda parte (Levoratti – Trusso) y se adueñaron de la mitad del texto. Yo fui fundador.

Roston Maderna: -¿De dónde tenía que sacar el dinero para subsidiar la Biblia? ¿De la fundación, de donaciones?

Levoratti: -No. Tuvimos mucha ayuda de Adveniat. Una cuota muy limitada pero muy constante Adveniat contribuyó mucho. Incluso ellos venían periódicamente a ver la difusión de “El libro de la Nueva Alianza” y después también seguían con atención la traducción del Antiguo Testamento.

Roston Madera: – Usted tiene una muy buena relación con Biblistas de toda Latinoamérica ¿Cómo tejió esa red (por llamarla de alguna manera)?

Levoratti: – Gracias a la “Sociedades Bíblicas Unidas”.

 Roston Madera: – ¿Cómo se vincula usted con la Sociedades Bíblicas Unidas?

Levoratti: -La Sociedades Bíblicas Unidas, tenía programado hacer las notas al libro “Dios Habla Hoy” y a la Biblia edición de estudio. Estaban buscando colaboradores y el doctor que asumió la conducción del grupo y me invitó a una reunión en San José de Costa Rica a la que asistió también el Padre Pedro Ortiz, un Jesuita de Colombia de la Javeriana. Resultó que nosotros dos, éramos los más, capaces. Los otros no tenían noción de lo que era hacer una nota para la Biblia. El doctor era un tipo muy ejecutivo, muy pragmático, descuidó el aspecto confesional y nos dijo que nos ocupemos. Yo ocupé cinco años en preparar las notas del Antiguo Testamento.

Roston Madera: -¿Esa que es una Reina-Valera?

Levoratti: -No, es una nueva traducción, de acuerdo a los criterios de coincidencia formal y coincidencia dinámica.

Roston Maderna: -¿Podría usted resumir en pocas palabras, qué criterio se utiliza para hacer una nota de una Biblia? Le digo porque nosotros estamos trabajando con el proyecto de la Biblia en sus tradiciones, ese proyecto de la École biblique et archéologique française de Jérusalem. Siempre es difícil saber hasta cuando se trata de una nota y cuando es un comentario. ¿Qué criterio se tiene que utilizar para hacer una nota breve? Porque puede ser histórica, lingüística…

Levoratti: – Hay que aplicar todos los elementos disponibles, por ejemplo: literarios, arqueológicos, de géneros literarios, o de incluso de sociología y psicología.

Roston Maderna: -Por ejemplo: la Biblia que publica la Casa de la Biblia hace introducciones con criterios bastante parecidos a los del Libro del Pueblo de Dios: introducciones a todo el libro, a secciones, a secciones más pequeñas. ¿Cómo hacía usted las notas, en cambio, en esta Biblia “Dios hable hoy”? ¿Cómo seleccionaba qué explicar y qué dejar de lado?

Levoratti: -El problema de las introducciones parciales que se van intercalando en el texto, es que a algunos no les gusta porque se meten cosas en el texto de la Biblia. Yo eliminé todas las introducciones parciales y puse todas las notas al pie de página.

Roston Maderna: -¿En la nueva Biblia que hizo ahora?

Levoratti: -En la nueva Biblia, sí.

Roston Maderna: -¿Y en la Biblia de las Sociedades Bíblicas usted hacía introducciones también o solamente notas?

Levoratti: – En las Sociedades Bíblicas hice las introducciones y las notas

Roston Maderna: – ¿En la extensión, por ejemplo, cómo decide usted hacerlas más largas o breves? ¿Qué tiene en cuenta: el lector, el tamaño del libro, las discusiones actuales?

Levoratti: -Bueno, depende del criterio que establezca. Yo explico el sentido del texto. Si por ejemplo dice: “Soma”, explico el sentido que tiene en griego la palabra “soma” y se acabó. Ahora si hay… la palabra “Soma”, tiene un contexto muy especial, trato de situar el término del contexto y hago el comentario correspondiente.

Roston Maderna: -Por ejemplo, ¿la intertextualidad la tenía presente en esas notas o no?

Levoratti: -La intertextualidad, depende… si vos hablas de la exégesis canónica, que el gran defensor es Childs, bueno en ese caso se puede hacer una derivación de la nota, explicando por ejemplo, la correlación de esa nota, con otras notas más o menos correspondientes.

Roston Maderna: – Cuando usted fue director de la “Revista Bíblica”; ¿Cómo conseguía los colaboradores, de dónde obtenía los artículos?

Levoratti: – En esa época funcionaba la SAPSE. La Sociedad Argentina de Profesores de Sagradas Escrituras funcionaba regularmente, estaba Pietrantonio, Croatto, Míguez, Andiñach, todos esos se prestaban fácilmente a mandar artículos.

Levaggi: -En la SAPSE ¿publicaban algo o se dedicaban a debatir sobre un tema?

Levoratti: -No, no. Se debatía y se programaban también temas para la revista Bíblica.

Roston Maderna: -Todos los que mencionó anteriormente son del ISEDET, incluso Croatto, ¿Y fuera del ISEDET?

Levoratti: -Fuera de ISEDET, estaba Lakatos, que fue uno de los iniciadores de la SAPSE y después estaba Rivas.

Roston Maderna: -¿Los artículos le llegaban regularmente o usted los tenía que pedir? ¿La revista Bíblica argentina era un órgano en el que los estudiosos de la Biblia en Argentina podían expresarse o quedaba relegada a un grupo nada más?

Levoratti: – Yo nunca tuve dificultades en conseguir artículos y cuando había un bache lo llenaba yo de alguna manera, con una recensión, con una crónica o un comentario.

Roston Maderna: -¿Por qué dejó la dirección?

Levoratti: -La dirección la dejé por dos motivos: un motivo económico ya que se mantenía muy precariamente. Y Eduardo Bierzychudek que era el secretario y que era el que manejaba también la parte financiera, ya estaba cansado. Entonces quiso renunciar y yo renuncié ahí con el, como era lógico, porque ya también estaba muy cansado. Ese sería el primer factor y el segundo factor fue que la consideraban demasiado científica y pedían cosas más pastorales, querían una revista popular.

Levaggi: -¿La editorial?

Levoratti: -La editorial, sí. Yo les dije no podía, no tenía tiempo para dedicarme a hacer una “Revista Bíblica Popular”, entonces anduvieron dando vueltas hasta que al final, cerraron.

Roston Maderna: -¿Y después quien vino?

Levoratti: -Un Capuchino, Cisneros, pero no duró. No estaba capacitado, no tenía sentido de lo que es editar una obra como la querían editar ellos, científica. Muchos errores de imprenta y los textos griegos mal transcriptos o mal copiados. Y ahora, creo que la está dirigiendo Rivas. ¿Y sale periódicamente?

Levaggi: -Sí, han hecho dos publicaciones de a dos números cada una por año. O sea, dos libros por año que cada uno agrupa dos números. Ahora la edita PPC.

Levaggi: – Para ir concluyendo: ¿Algún profesor en particular ha tenido impacto en su vida, en su estudio, en su trabajo? ¿O alguien que quiere mencionar por haberlo animado, ayudado?

Levoratti: – Básicamente los profesores del Instituto Bíblico que fueron los que me iniciaron más directamente en el estudio científico de la Biblia. Pero después, otros autores, por ejemplo… para cada libro que traducía, siempre buscaba el mejor comentario y a veces varios comentarios.

Levaggi: -Así como los clásicos, como von Rad, por ejemplo.

Levoratti: -Sí, von Rad, sobre todo yo me inspiré mucho De Vaux, Benoit, y Émile Osty, que hizo la traducción de toda la Biblia para Francia y que sigue los criterios que yo más o menos sigo en esta traducción.

Roston Maderna: -¿Qué Biblia hizo, la TOB?

Levoratti: -No, la TOB no. Mejor que la TOB, menos conocida pero mucho más cuidada en la fidelidad del texto, a veces se le iba un poco la mano, pero es una traducción muy buena.

Roston Maderna: -¿Usted daba clases acá solamente o también tenía clases regulares en otro lugar?

Levoratti: – Regulares en Neuquén, en Rosario, en Devoto enseñé varios años. Después me vine para acá y me quedé acá. Ahora ya quisiera jubilarme, pero no hay repuesto.

Levaggi: -¿Sigue dando clases, aquí?

Levoratti: -Sí.

Roston Maderna: -¿Hubo algo que usted haya hecho que no conozcamos, de lectura popular o de otros tipos de libros? ¿Alguna otra actividad literaria que tal vez sea menos conocidas?

Levoratti: -He publicado, por ejemplo, un artículo de teoría literaria sobre el influjo del modernismo de Rubén Darío, pero eso es un divertimento.

Roston Maderna: -¿En la revista Bíblica?

Levoratti: -No, en la revista Eclesiástica de la Plata. Era un divertimento … adentrarme un poco en el contexto de la poesía. Empecé con los Preliminares, después llegué a Rubén Darío y después terminé con Jimenez. Ahora el último libro que publique “El Tiempo de Dios”, lo saqué con motivo del milenio y tiene una serie de complementos sobre el año del jubileo en Roma y cosas sobre gustos, historia romana, etc.

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