Eduardo de la Serna

Eduardo de la Serna

De la Serna

  1. ¿Hay algún estudio, libro o autor que lo haya influenciado de manera especial en su formación?

En lo personal creo que el primer autor que influyó notablemente en mi formación fue Luis H. Rivas, a quien tuve de profesor. De él aprendí a leer los textos bíblicos, a dejarlos “hablar” y a “sacar” de ellos lo más posible sin hacerles decir lo que no dicen. Luego, trajas como los de R. E. Brown en “La Comunidad del Discípulo Amado” y otros en la misma dirección me ayudaron a profundizar la necesidad de conocer la vida interna de las comunidades en la gestación de los textos. En esa misma línea de pensamiento reconozco que me influyeron muy positivamente los diferentes estudios de los grupos de “Orígenes del cristianismo” encabezados por Rafa Aguirre. Además quisiera señalar los aportes para los estudios del Jesús histórico (especialmente los de John P. Meier) y en esa misma corriente los trabajos para el conocimiento de la primera generación cristiana, particularmente Pablo (Carlos Gil, U. Schnelle, R.Penna…).

  1. ¿Qué método exegético y hermenéutica utiliza habitualmente?

Creo que el método histórico crítico sigue siendo insustituible. Obviamente es limitado y ha mostrado su “non plus ultra”, pero es un punto de partida indispensable y necesario. Sí creo que luego debe ser completado con otros acercamientos y miradas como la feminista, desde las ciencias sociales, desde los pobres. Creo – como lo dije – que la obsesión debe ser “no hacerle decir al texto lo que el texto no dice”, pero sí tratar de ver todo lo que sí dice. Y esas miradas me parecen indispensables para una mejor comprensión y lectura.

  1. ¿Cómo ha influido en su lectura, interpretación y estudios bíblicos su trabajo pastoral en los ámbitos de exclusión (opción por los pobres)?

Si el trabajo del investigador es preguntarle a los textos qué dicen, se hace indispensable – me parece – saber de dónde nacen las preguntas. Si los textos nacen en un Sitz im Leben propio, nuestras preguntas también. No me interesaría investigar ‘si los ángeles pueden volar para atrás’, como se dice irónicamente. Trato de preguntarle a los textos cosas cuyas respuestas iluminen nuestro propio Sitz im Leben y nuestro Sitz im Tode. Creo que la influencia principal de mi vida pastoral tiene directamente que ver con la pregunta. Es, ciertamente, dar cabida al “desde”, que tanta importancia tiene en América Latina, y en Argentina en particular a partir del Documento de San Miguel (“desde el pueblo”). La teología (y la Biblia) se hace en un “desde”, estoy convencido, y ese “desde” (desde los pobres, desde los insignificantes, desde las víctimas) es indispensable para “dejar hablar” al texto bíblico, y que éste “diga” algo a este tiempo y este pueblo.

  1. ¿Como biblista, docente y sacerdote, ha tenido que integrar múltiples actividades con la dedicación y concentración que la tarea exegética requiere. Este multifacético “estilo de vida” pareciera ser bastante común entre los biblistas argentinos. Por otra parte, gracias a su actividad académica en Colombia, ha podido ver otras formas en que la vocación exegética se encarna en la vida ¿Cómo caracterizaría el perfil del biblista argentino en relación con los de otros países?

Creo que el estilo de vida académico es ciertamente frecuente (no me atrevo a decir “mayoritario”, pero sí frecuente). Creo que eso tiene su riqueza y su pobreza, obviamente. Una dedicación exclusiva aporta una mayor capacidad de lectura, de tiempo para escribir (más aún cuando se cuenta con secretarios, ayudantes y bibliotecas de excelencia), pero corre el permanente riesgo de los teólogos amigos de Job de ser “médicos matasanos”, de no saber dar respuesta al sufrimiento del inocente. La experiencia pastoral que acompaña el trabajo docente y de investigación – con la limitación señalada – aporta “encarnación”.

Mi experiencia en la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana fue sumamente enriquecedora. Por un lado por compartir con algunos “colegas” excelentes y de gran seriedad, por contar con una buena biblioteca y base de datos, con buen instrumental y oportunidades para el desarrollo de la docencia. Quizá deba señalar (por lo que he conocido de allí y de aquí) que en general en Argentina hay una mayor responsabilidad y actividad pastoral que marca más la investigación (como dije más arriba). Debo decir que a la gran riqueza de la experiencia colombiana puedo marcar la ausencia de una comunidad de referencia como una limitación.

  1. ¿Cuáles son los acentos que se ponen en juego, tanto en la hermenéutica como en la exégesis, hecha en Colombia, y cuáles en Argentina?

Creo que sería una generalización hablar de “acentos” en Colombia o en Argentina. Sé que hay muchos buenos biblistas argentinos que no tienen mi mirada ni mi hermenéutica (y no por ello sean ni menos ni más, ni mejores ni peores). Mi experiencia de vida (y muerte) me hacen formularme determinadas preguntas y obviar otras. Obviamente la experiencia de vida y muerte en Colombia es diferente (basta con tener en cuenta el conflicto de guerra y la persistente búsqueda de paz). Pero también es cierto – me parece – que hay diferentes reacciones frente a la vida-muerte en Argentina y vida-muerte en Colombia. Recientemente tuve el honor de participar con una ponencia en la Cumbre mundial por la paz en Colombia (abril 2015) con una reflexión partiendo de la Biblia. No había biblistas colombianos en el evento; pero a veces yo no voy a algunos eventos en mi país. Creo que es cuestión de sensibilidades, tiempos, intereses, ideologías, espiritualidades… En lo personal me pareció que “debía” contribuir con un “grano de arena” a la edificación de la Paz en Colombia. Pero también contribuir – por ejemplo – desde una perspectiva bíblica a la “Exposición nacional” sobre el Amor que se realizó en la Casa del Bicentenario (2014-2015). En síntesis, creo que una mirada de la realidad (de vida y de muerte) me compromete a aportar y dar respuesta a las preguntas del dolor y de la fiesta. Pero no me atrevo a hablar de “los biblistas” de Argentina o de Colombia.

  1. ¿Percibe diferencias entre los intereses y expectativas del “público” colombiano y el “público” argentino, con respecto a la incidencia de la Biblia en sus vidas?

Sin dudas creo que hay diferencias. Pero también hay diferencias dentro del mismo ambiente. No es lo mismo, por ejemplo, el público académico que el no académico (y aún el no creyente). Son diferentes las preguntas. Por momentos pareciera no haber diferencias en una clase sobre un mismo tema (por ejemplo, San Pablo), pero empieza a haberlas cuando cambian las preguntas. Muchas tienen que ver con las propias experiencias (y en ese caso son semejantes las preguntas cuando los ambientes son semejantes aunque sea en distinta tierra), y otras veces son diferentes porque las comunidades eclesiales son diferentes. La Iglesia colombiana (jerarquía, pastores y pueblo de Dios) es bien diferente de la Iglesia argentina y eso se experimenta (especialmente en temas donde la pastoral está tan cercana como son las cartas paulinas).

  1. ¿Qué factores cree que han influido en la cantidad, tipo o temática de las publicaciones exegéticas que han surgido en la Argentina a diferencia de las de otros países?

En realidad creo que las publicaciones en Argentina son bastante escasas; lo económico parece decisivo. Dejo de lado la Revista Bíblica que creo que es un esfuerzo loable, que se ha podido seguir manteniendo gracias al esfuerzo de algunos pocos y los aportes de no muchos. Quizás haya esfuerzos aislados, contactos aislados. Creo que falta pluralismo que permita que diferentes miradas y diferentes corrientes puedan coexistir y enriquecerse mutuamente (algunos, por ejemplo, no tenemos cabida en determinados ámbitos. Y creo que es empobrecedor). Quizás sería de desear que así como se ha publicado un Comentario Bíblico Internacional y uno Latinoamericano pueda soñarse un “Comentario Bíblico Argentino”. Fuera de la Revista no sé que haya abundantes publicaciones, por ejemplo; y hubo alguna que fue interrumpida injustamente. Creo que en eso además de lo económico y no siempre un buen manejo editorial lo que debería extrañarse es una mayor capacidad de pluralismo.

30 de junio 2015

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